¿Cuáles son algunos datos curiosos sobre la Casa Rosada?

La Dueña de la Casa de Tucumán

18/04/2020

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La Casa Histórica de la Independencia, en San Miguel de Tucumán, es un símbolo inmutable de la gesta emancipadora argentina. Sin embargo, detrás de sus muros cargados de historia, hay una figura central cuyo nombre merece ser recordado: Francisca Bazán de Laguna, la mujer que no solo era su propietaria, sino que también vivió en ella durante el crucial año de 1816. Su historia se entrelaza profundamente con la del edificio que albergó el nacimiento formal de una nación.

¿Quién construyó la Casa Rosada en Argentina?
El arquitecto Francisco Tamburini diseñó el proyecto y dirigió las obras que dieron a la Casa Rosada su definitiva estructura y ornamentación.

Francisca nació en Tucumán alrededor del año 1744, en el seno de una familia que gozaba de un alto prestigio y una cómoda posición social dentro de la ciudad. Sus padres eran Juan Antonio Bazán y Petrona Estevés, quienes aseguraron para ella una educación y un estatus acorde a su linaje.

A finales del siglo XVI, mucho antes de que Francisca naciera, el alcalde Diego Bazán y Figueroa había erigido su residencia en el mismo terreno donde hoy se levanta la Casa Histórica. Este fue el origen del inmueble que, a través de las generaciones, llegaría a manos de Francisca.

Fue en el año 1775 cuando la casa pasó formalmente a ser propiedad de Francisca Bazán. La recibió como parte de la dote matrimonial que sus padres le otorgaron, una práctica común en la época para asegurar el futuro económico de las hijas al casarse. Desde ese momento, Francisca estableció su residencia permanente en esta vivienda, haciendo de ella su hogar a lo largo de toda su vida.

Un detalle arquitectónico significativo que distingue a la Casa de Tucumán, especialmente su frente con las características columnas torsas, fue una adición realizada bajo la propiedad de Francisca. Este tipo de ornamentación, que se popularizó en el norte argentino hacia finales del siglo XVIII, embelleció y modernizó la fachada de la casa, reflejando quizás el gusto o la prosperidad de la familia en ese período.

En 1762, Francisca contrajo matrimonio con Miguel de Laguna y Ontiveros, un hombre de origen español. Juntos formaron una familia y tuvieron varios hijos. Sin embargo, el destino quiso que Francisca enviudara en el año 1806, quedando al frente de su hogar y su familia.

Entre los hijos del matrimonio Bazán-Laguna, sobresale la figura del doctor Nicolás Valerio Laguna Bazán. Nacido en 1772, Nicolás tuvo una participación activa y destacada en los acontecimientos políticos de la época. Fue un firme partidario de la Revolución de Mayo, mostrando su adhesión a las ideas emancipadoras desde el Cabildo abierto de junio de 1810. Su compromiso con la causa le valió ser elegido diputado a la Asamblea del Año XIII, un cuerpo legislativo clave en los primeros años de la Independencia. Además, llegó a ocupar el cargo de gobernador de la provincia de Tucumán en tres ocasiones, consolidando el prestigio de la familia en el ámbito político.

El año 1816 marcó un punto de inflexión no solo para la historia argentina, sino también para la Casa de Tucumán y su dueña. Ante la necesidad de encontrar un lugar adecuado para que sesionara el Congreso de 1816, que se había trasladado a San Miguel de Tucumán, se consideraron varios edificios públicos y privados. Finalmente, la elección recayó sobre la casa de Francisca Bazán de Laguna.

La tradición popular, transmitida a lo largo del tiempo, sostiene que Francisca, con un espíritu patriótico y generoso, prestó su casa para albergar a los congresales, dada la supuesta falta de otros locales apropiados o que tuvieran las dimensiones necesarias para un evento de tal magnitud. Esta versión ha perdurado en el imaginario colectivo, pintando un cuadro de desprendimiento personal en pos de la causa nacional.

Sin embargo, investigaciones históricas posteriores han aportado una perspectiva diferente, sugiriendo que la situación pudo haber sido más compleja. Estos estudios indican que el Estado Provincial dispuso el uso de la casa, basándose en el hecho de que una parte considerable del inmueble ya estaba siendo alquilada por la Caja General y Aduana de la Provincia. Esto sugiere que la decisión pudo haber sido más una determinación oficial aprovechando un espacio ya vinculado a las estructuras estatales, que un simple préstamo voluntario, aunque no excluye la posible buena voluntad de Francisca.

En el momento en que los congresales se reunieron en su casa para declarar la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Francisca Bazán de Laguna contaba con 72 años. A pesar de su avanzada edad, seguía siendo una mujer lúcida e interesada en los acontecimientos que se desarrollaban bajo su techo. Se sentía inmensamente orgullosa de que su hogar hubiera sido elegido como la sede de un evento tan trascendental para el futuro del país. Su conexión personal con los protagonistas de la época era evidente; se sabe que expresó un profundo deseo de saludar y conversar con el General Manuel Belgrano, a quien le profesaba un gran afecto y admiración.

Durante el período en que el Congreso de 1816 sesionó en su casa, Francisca no se mudó lejos. Se instaló temporalmente en una vivienda contigua, que también formaba parte de su patrimonio. Esto le permitía estar cerca de su hogar y, probablemente, seguir de cerca los importantes debates y decisiones que allí se tomaban. Una vez que el Congreso concluyó sus sesiones en Tucumán y se trasladó a Buenos Aires, Francisca retornó a su querida casa, retomando su vida en el lugar que había sido su hogar por tantos años.

La Casa de Tucumán permaneció en manos de la familia de Francisca Bazán de Laguna por varias décadas después de su fallecimiento. Una de sus hijas, Gertrudis Laguna y Bazán, se casó con Pedro Antonio de Zavalía y Andía. La descendencia de este matrimonio continuó la línea de sucesión. Fue la hija de Gertrudis y Pedro Antonio, Carmen Zavalía Laguna, quien eventualmente heredó la casa de parte de su abuela, Francisca. Con el tiempo, Carmen adquirió las partes correspondientes a los otros herederos, logrando así convertirse en la única propietaria del emblemático inmueble.

Los hijos de Carmen Zavalía Laguna fueron los últimos miembros de la familia en ser dueños de la Casa Histórica. Finalmente, en el año 1874, decidieron vender la propiedad al Gobierno Nacional. La transacción se realizó por la suma de 200.000 pesos de la época. Esta venta marcó el fin de casi un siglo de propiedad ininterrumpida por parte de Francisca Bazán de Laguna y sus descendientes, pasando el inmueble a ser patrimonio del Estado argentino para su preservación como monumento histórico nacional.

La figura de Francisca Bazán de Laguna, la dueña de la Casa de Tucumán, es un recordatorio de las vidas individuales que se entrelazaron con los grandes acontecimientos de la historia. Su hogar no fue solo un edificio; fue el escenario donde se forjó la Independencia, un lugar que ella cuidó y habitó, y que hoy recordamos como cuna de la patria.

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