¿Por qué en Perú las casas están inacabadas?

El Misterio de las Casas Inacabadas en Perú

02/06/2023

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Al recorrer las ciudades y pueblos de Perú, es casi imposible no notar un rasgo arquitectónico recurrente y peculiar: una gran cantidad de casas que parecen estar perpetuamente a medio terminar. Con varillas de acero asomando del techo y paredes sin revocar en los pisos superiores, dan la impresión de obras abandonadas o de familias que se quedaron sin fondos para completar sus proyectos. Sin embargo, esta imagen, aunque común, esconde una historia mucho más compleja y ligada a decisiones políticas y económicas del pasado.

Un Paisaje de Cemento y Varillas

La vista de casas con sus pisos superiores sin acabar es tan prevalente en Perú que se ha convertido en una característica distintiva del paisaje urbano y semiurbano. A simple vista, uno podría pensar en dificultades económicas crónicas, pero la realidad es que muchas de estas estructuras, aunque incompletas por fuera, están perfectamente habitadas y funcionales en sus niveles inferiores. El contraste puede ser chocante: un primer piso completamente amueblado y decorado, mientras que el segundo o tercer piso es solo una estructura de ladrillos, cemento y varillas expuestas.

¿Por qué en Perú las casas están inacabadas?
La pobreza alcanzó su punto máximo histórico y los peruanos que estaban construyendo sus casas no pudieron terminarlas . Los ahorros que creían tener para construir y expandir perdieron todo su valor. La construcción se detuvo y los peruanos tuvieron que conformarse con las viviendas que tenían.

Estos niveles superiores a menudo no están vacíos o abandonados. Se les da uso práctico, sirviendo como espacios para tanques de agua, áreas de lavandería al aire libre o simplemente patios informales. A pesar de las apariencias de descuido o falta de recursos, la decisión de dejar una casa 'inacabada' no siempre se debe a la pobreza actual, sino a una razón mucho más pragmática: la evasión de un impuesto.

El Origen: La Política Económica de Fujimori

Para entender por qué tantas casas peruanas están en este estado, debemos remontarnos a la década de 1990, un período de profunda crisis económica en el país. En 1990, asumió la presidencia Alberto Fujimori, quien implementó una serie de medidas económicas drásticas y de corte neoliberal para estabilizar la devastada economía peruana. Estas políticas, conocidas popularmente como el 'Fujishock', buscaron controlar la hiperinflación y sentar las bases para la recuperación.

Dentro de este paquete de reformas, Fujimori notó el gran número de construcciones a medio terminar y la aparente dificultad de los propietarios para completarlas. Con la intención de estimular la construcción, generar empleo y, supuestamente, ayudar a las familias a finalizar sus hogares, se introdujo una política específica: se eliminaron los impuestos a la propiedad (impuesto predial) para las viviendas que se encontraran en proceso de construcción. La lógica era simple: al aliviar la carga fiscal durante la fase de obra, se incentivaría a la gente a construir y terminar sus casas.

El Efecto Inesperado y la Evasión Fiscal

Si bien la intención declarada de la política era positiva –fomentar la construcción y la formalización–, en la práctica generó un efecto secundario masivo e inesperado que perdura hasta hoy. La exención de impuestos a la propiedad para casas en construcción creó un vacío legal y una fuerte motivación para que los propietarios nunca declararan sus viviendas como 'terminadas'.

La ley, diseñada para un periodo transitorio de construcción, se convirtió en una herramienta para la evasión fiscal a largo plazo. Los peruanos descubrieron que podían construir lo suficiente para vivir cómodamente en los pisos inferiores, dejando intencionalmente los pisos superiores sin terminar. De esta manera, su propiedad nunca alcanzaba el estatus de 'completada' ante los ojos de la ley fiscal, permitiéndoles evitar el pago continuo del impuesto predial.

Esta práctica se generalizó rápidamente. Lo que comenzó como una medida de estímulo económico se transformó en una norma no escrita y una estrategia popular para reducir los costos fijos de la vivienda. Las casas 'inacabadas' dejaron de ser solo un signo de dificultades económicas y se convirtieron también en un símbolo de astucia fiscal.

Viviendo en lo 'Inacabado'

Es importante destacar que estas casas no están deshabitadas. Como se mencionó, la vida familiar se desarrolla plenamente en los pisos inferiores. Estos espacios están terminados, pintados, decorados y equipados con todas las comodidades necesarias. La fachada 'en construcción' a menudo es solo eso: una fachada fiscal. La aparente precariedad exterior contrasta fuertemente con la normalidad y habitabilidad del interior.

Los pisos superiores, a pesar de su aspecto crudo con varillas y paredes a medio construir, cumplen funciones prácticas dentro de la dinámica familiar. Son ideales para instalar tanques de agua elevados (comunes en muchas zonas), para tender ropa al sol, o simplemente como un espacio adicional de almacenamiento o esparcimiento informal. La estructura de hormigón y varillas, aunque estéticamente desagradable para algunos, es robusta y funcional para estos propósitos.

Esta forma de vivir también refleja una cultura de construcción progresiva, donde las familias construyen su hogar por etapas, a medida que consiguen los recursos. Sin embargo, la política fiscal añadió una poderosa razón para detener esa progresión antes de la 'finalización' oficial.

La Persistencia de la Situación y el Factor Político

Desde la salida de Fujimori del poder en 2001, la economía peruana ha experimentado un crecimiento significativo, reduciendo los niveles de pobreza. Uno podría esperar que, con la mejora de la situación económica, las familias tuvieran más recursos para terminar sus casas y, por lo tanto, la cantidad de construcciones 'inacabadas' disminuyera. Sin embargo, el paisaje urbano sigue dominado por esta característica.

La razón principal de esta persistencia es que la exención fiscal para casas en construcción sigue vigente. Dado que una gran parte de la población peruana ha optado por mantener sus propiedades en este estado fiscalmente ventajoso, revertir la ley implicaría imponer un nuevo impuesto o aumentar la carga fiscal a un segmento muy amplio de ciudadanos. Esto se percibe como una medida políticamente impopular y de alto riesgo.

Los políticos son reacios a tocar una ley que, aunque no cumplió su objetivo original y fomenta la informalidad fiscal, beneficia a una gran cantidad de votantes. Modificarla podría ser visto como un 'suicidio político'. Por lo tanto, a más de 30 años de su implementación, la política que exime del impuesto predial a las casas en construcción sigue vigente, perpetuando el ciclo de viviendas fiscalmente 'inacabadas'.

En conclusión, el misterio de las casas a medio terminar en Perú no es principalmente una historia de pobreza o falta de capacidad constructiva, sino un fascinante ejemplo de cómo una política económica específica, con buenas intenciones iniciales, puede generar consecuencias no deseadas a largo plazo y crear un incentivo tan fuerte para la evasión fiscal que moldea el paisaje urbano y se vuelve políticamente difícil de revertir. Es una compleja interacción entre ley, economía, cultura de construcción y realidad política.

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