29/06/2021
El ambiente construido, como una modificación del entorno natural, mantiene una interacción constante con las personas que lo habitan. La arquitectura y el urbanismo, al definir los límites de este ambiente, generan efectos tanto psíquicos como físicos en la salud humana. La influencia psíquica se relaciona con cómo el usuario percibe la organización espacial, el ambiente familiar y las actividades internas, mientras que la física está ligada a las condiciones de confort térmico, lumínico, olfativo, acústico, ergonómico e higiénico dentro del edificio. La vivienda, siendo el espacio básico donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo (casi el 100% en situaciones como confinamientos), ejerce una influencia fundamental, positiva o negativa, en nuestra salud emocional y física.

Para entender las construcciones precarias, es crucial definir el concepto de habitabilidad. La habitabilidad es el atributo de los espacios construidos para satisfacer las necesidades objetivas y subjetivas de sus ocupantes, abarcando esferas psíquicas y sociales que permiten un sano desarrollo físico, biológico, psicológico y social de la persona. Lejos de ser opcional, la habitabilidad es una obligación institucional protegida legalmente a nivel nacional e internacional y prioritaria en la Agenda 2030 de la ONU por su vínculo con la salud, el bienestar y las ciudades sostenibles.

¿Qué son las Construcciones Precarias?
La vivienda precaria se define como un espacio habitable construido con materiales deficientes o de poca duración, que carece de los medios necesarios para una calidad de vida digna. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) identifica la vivienda precaria como aquella ubicada en barrios antiguos deteriorados o asentamientos informales que presentan una o varias de las siguientes condiciones:
- Tenencia insegura.
- Acceso inadecuado a agua segura.
- Acceso inadecuado a saneamiento y otros servicios básicos.
- Mala calidad estructural de la vivienda.
- Hacinamiento.
Estas características la diferencian drásticamente de una vivienda que promueve el bienestar de sus ocupantes.
Vivienda Precaria vs. Vivienda Saludable
En marcado contraste, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), concibe la vivienda saludable como el espacio físico donde los seres humanos pasan la mayor parte de su vida, y que, por sus características, promueve prácticas saludables y previene o reduce riesgos para la salud. Para ser considerada saludable, una vivienda debe cumplir con los siguientes atributos:
- Ubicación segura, libre de riesgos como deslizamientos o inundaciones.
- Paredes, techos y suelos sin grietas ni huecos que puedan albergar animales transmisores de enfermedades.
- Espacios que garanticen privacidad a sus ocupantes y fomenten el desarrollo personal y familiar.
- Libre de contaminación por humo (leña, cigarro).
- Espacios limpios y ordenados para el manejo adecuado de alimentos.
- Espacios limpios y apropiados para animales domésticos.
- Disposición de artefactos, muebles y equipamiento necesarios para desarrollar hábitos sostenibles.
La diferencia entre estos dos conceptos subraya el impacto directo del entorno construido en la salud familiar y el desarrollo humano.
Características de las Viviendas Precarias de Autoconstrucción Periurbana
Una vivienda puede ser precaria sin estar hecha de materiales ligeros o efímeros. De hecho, la vivienda precaria de autoconstrucción en asentamientos periurbanos, común en muchas ciudades, presenta características particulares. Se ubica en asentamientos en proceso de legalización, sobre predios que a menudo permiten ampliaciones o modificaciones. Al ser construida mediante técnicas empíricas de albañilería, puede considerarse estructuralmente resistente. Además, utiliza materiales perenes, aunque frecuentemente queda en obra negra o gris.
A pesar de su potencial para ser mejorada, esta vivienda presenta marcadas deficiencias técnico-constructivas, funcionales, estéticas y ambientales que deterioran la salud familiar. La falta de servicios básicos, el hacinamiento y las condiciones insalubres contribuyen a una salud precaria de la población y limitan la capacidad de hacer frente a crisis sanitarias, como la pandemia de SARS-CoV-2, al impedir prácticas de distanciamiento social e higiene adecuadas. El hacinamiento, en particular, debilita el sistema inmunológico y favorece la propagación de enfermedades infecciosas.
Este fenómeno se observa en la periferia de ciudades, donde familias buscan terrenos económicos, a menudo irregulares (ejidales), como única opción para construir su patrimonio. Inicialmente una solución habitacional, estos asentamientos carecen de servicios básicos (agua potable, drenaje, energía eléctrica, etc.) y servicios públicos esenciales. Aunque la regularización de la tenencia ha permitido la incorporación parcial de algunas redes de servicios, la vivienda en sí misma no ha evolucionado al mismo ritmo, permaneciendo en obra negra o gris con deficiencias que impactan negativamente la vida diaria y requieren intervención.
Abordando la Precariedad: Un Modelo de Adecuación de Vivienda
Frente a esta problemática, se propone un modelo de adecuación de vivienda precaria de autoconstrucción periurbana. Esta herramienta busca identificar y corregir las áreas de oportunidad en la vivienda que comprometen la salud física y emocional de las familias vulnerables. Su implementación involucra la participación conjunta de la comunidad, universidades y gobierno, con el objetivo de corregir y potenciar el uso del espacio, mejorar su aspecto, garantizar la sostenibilidad y la habitabilidad, y en consecuencia, mejorar la salud, calidad de vida y productividad de los ocupantes.
Este modelo no solo busca mejoras físicas, sino que también aspira a beneficios colaterales significativos, como la disminución de la violencia familiar, el mejor cuidado de niños y adultos mayores, la prevención de enfermedades crónicas, la creación de identidad y pertenencia, la regeneración del tejido social y el mejoramiento de la imagen urbana.
Etapas del Modelo de Adecuación
El modelo se estructura en seis etapas interconectadas:
Fundamentación
Se basa en soportes legales y se alinea con objetivos globales y nacionales, como la Agenda 2030 de la ONU Hábitat y los planes de desarrollo a nivel estatal. Involucra la coordinación y responsabilidad de instituciones académicas (como la BUAP) y gubernamentales (como la Secretaría de Bienestar y la Comisión Estatal de Vivienda), que tienen atribuciones legales y recursos para intervenir en la mejora de viviendas de grupos vulnerables.
Planeación
Define el rol de los actores principales. La universidad se enfoca en la elaboración de instrumentos diagnósticos (vivienda y salud), reglas de operación, capacitación comunitaria y medición de acciones. El gobierno coordina, gestiona recursos, socializa el modelo y supervisa su aplicación. La comunidad actúa como beneficiaria y participante activa, recibiendo capacitación para adecuar sus viviendas y aplicando herramientas de autogestión, además de ejercer contraloría social.
Socialización
Implica el acercamiento del gobierno y la universidad a las familias vulnerables en los polígonos seleccionados. Se identifican líderes y grupos sociales para socializar la problemática y el modelo mediante campañas de información y concientización sobre la vivienda adecuada y los hábitos saludables. Se selecciona a las familias interesadas, se realizan visitas técnicas para aplicar diagnósticos y se selecciona definitivamente a los beneficiarios.

Diagnóstico
Es una etapa crucial donde se aplican instrumentos para evaluar las condiciones de la vivienda y la salud de sus habitantes. El diagnóstico de vivienda, a cargo de disciplinas como arquitectura y urbanismo, analiza el confort interior (calidad del aire, humedad, ruido, iluminación) y variables clave:
- Técnico-Constructivas: Tipo y estado de deterioro de sistemas constructivos, instalaciones (hidráulicas, sanitarias, eléctricas, gas) y luminarias.
- Funcionales: Orientación, ventilación e iluminación natural, privacidad, relación espacio-ocupantes y factores de riesgo.
- Sustentables: Áreas permeables, vegetación, huertos, aplicaciones ecotécnicas (aprovechamiento de agua pluvial, ahorro de energía/agua) y relación con el entorno urbano.
- Estéticos y Expresivos: Elementos ornamentales, estado de acabados, color, jerarquización y valor de los espacios.
Paralelamente, profesionales de la salud aplican instrumentos como la teoría de la “Comunidad como cliente” y la escala “Calidad de vida SF-12”, junto con entrevistas, para evaluar la salud física, emocional y social. Se miden signos vitales, se identifican enfermedades relacionadas con la vivienda (gastrointestinales, respiratorias) y se programan estudios de laboratorio si es necesario. Los resultados combinados de ambos diagnósticos determinan el grado de precariedad y guían las propuestas de intervención en tres categorías: alto, medio y moderado, enfocándose en mantenimiento correctivo, preventivo, modificaciones funcionales/estéticas y equipamiento sustentable según el caso.
Implementación
Aquí se ejecutan las acciones de adecuación. Se entregan recursos materiales con apoyo de comités vecinales. La universidad asesora a las familias, y es fundamental la participación de todos los miembros de la familia, según sus capacidades, en las tareas de mejora. Este enfoque fomenta la autoconstrucción asistida y la apropiación del proceso por parte de los beneficiarios.
Medición y Reproducción del Modelo
Esta etapa, que comienza durante la implementación, registra los procesos de intervención, la participación comunitaria y los cambios en la salud familiar. Los datos se utilizan para elaborar herramientas de valoración de hábitos saludables y mantenimiento de la vivienda, y se aplica un análisis FODA para identificar fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas del modelo. Se utiliza el ciclo de Deming (Planear, Hacer, Verificar, Actuar) para analizar problemas, buscar causas, implementar soluciones y prevenir recurrencias, permitiendo que el modelo de adecuación evolucione y se adapte a las particularidades de cada asentamiento.
Conclusiones Preliminares y Pasos Futuros
La aplicación piloto del modelo en la colonia El Castillo, Puebla, ha permitido confirmar la estrecha relación entre los niveles de precariedad de la vivienda y el deterioro de la salud familiar. Se han identificado riesgos concretos, como escaleras inseguras, falta de privacidad en baños y habitaciones, y tanques de agua en mal estado asociados a enfermedades como tifoidea y salmonelosis en miembros de la familia. Estas evidencias subrayan la urgencia de intervenir.
La presentación de estos resultados preliminares a instancias gubernamentales, como la Comisión Estatal de Vivienda, ha generado interés en colaborar para dotar de espacios seguros y saludables a familias en riesgo, especialmente relevante ante la emergencia sanitaria actual. Actualmente, se están desarrollando estrategias para la participación conjunta de la universidad y el gobierno, lo que permitirá la implementación a mayor escala del modelo. Los resultados de este proceso serán objeto de futuras publicaciones, consolidando el conocimiento sobre cómo la adecuación de la vivienda precaria es una vía efectiva para mejorar la salud y el bienestar de las comunidades vulnerables.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa vivienda precaria?
Se refiere a un espacio habitable construido con materiales deficientes o de poca duración que carece de los medios necesarios para una vida digna, a menudo presentando tenencia insegura, acceso limitado a servicios básicos, mala calidad estructural y hacinamiento, según criterios como los de la CEPAL.
¿Cómo afecta la vivienda precaria a la salud?
La vivienda precaria es un factor de riesgo significativo para la salud. Sus condiciones (mala calidad estructural, falta de saneamiento, hacinamiento, humedad, mala ventilación) pueden propiciar enfermedades respiratorias, gastrointestinales, cardiovasculares, estrés, depresión y ansiedad. También debilita el sistema inmunológico y dificulta la aplicación de medidas sanitarias preventivas.
¿Dónde se encuentran típicamente las viviendas precarias descritas en el artículo?
El artículo se enfoca en las viviendas precarias de autoconstrucción ubicadas en asentamientos periurbanos. Estos son espacios territoriales en la periferia de las ciudades, a menudo excluidos del sistema urbano formal, con infraestructura y servicios limitados o inexistentes.
¿Se pueden mejorar las viviendas precarias?
Sí, el artículo propone un modelo de adecuación que busca transformar estas viviendas. Aunque puedan tener deficiencias iniciales, especialmente las de autoconstrucción con materiales perenes, es posible mejorarlas mediante intervenciones técnico-constructivas, funcionales, estéticas y sustentables para alcanzar niveles de habitabilidad similares a los de una vivienda saludable.
¿Qué es la habitabilidad de la vivienda?
La habitabilidad es el atributo de un espacio construido para satisfacer las necesidades objetivas y subjetivas de sus ocupantes, permitiendo su sano desarrollo físico, biológico, psicológico y social. Implica condiciones de confort, seguridad, privacidad, higiene y adecuación a las actividades familiares, y es considerada una obligación fundamental para una vivienda digna.
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