29/01/2017
La historia de las viviendas sociales en Bajos de Mena, en la comuna de Puente Alto, Santiago, está marcada por un evento que se grabó a fuego en la memoria de sus habitantes: el invierno de 1997. Fue entonces cuando las fuertes lluvias pusieron al descubierto la precariedad de las construcciones levantadas por la empresa Copeva, transformando el sueño de casa propia de cientos de familias en una pesadilla de filtraciones y humedad.

Un Sueño Bajo la Lluvia de 1997
En los años 90, Bajos de Mena comenzaba a poblarse, ofreciendo una oportunidad de vivienda a familias que buscaban un nuevo comienzo. Claudia Hernández llegó en 1997 a la Villa Marta Brunet con su pareja e hijos, tras postular a un subsidio habitacional. Dejaban atrás la vida de arrendatarios en otras comunas para instalarse en un departamento que, con casi 50 metros cuadrados, les parecía una mansión. Tener una cocina separada y habitaciones individuales para los niños era un sueño hecho realidad, a pesar de la lejanía y la poca conectividad del sector.

La alegría duró poco. El primer temporal de junio de 1997 fue implacable. Las estructuras construidas por Copeva no resistieron la fuerza del agua. Claudia relata cómo el agua caía por las paredes de su departamento como si fueran cascadas, obligándola a usar toallas y sábanas para intentar contener las filtraciones. Este no fue un caso aislado; el problema afectó a numerosos edificios entregados en el sector desde 1994.
La imagen de los edificios cubiertos con capas de plástico, un intento desesperado por bloquear la entrada del agua, se convirtió en el símbolo de uno de los capítulos más tristes y vergonzosos en la historia de la construcción de viviendas sociales en Chile. La explicación de Copeva fue que los materiales utilizados simplemente no eran adecuados para un clima lluvioso, una justificación que contrastaba con la necesidad básica de una vivienda digna y segura.
El Escándalo y la Larga Batalla Legal
Las fallas en las viviendas de Bajos de Mena escalaron rápidamente de un problema constructivo a un escándalo político. La controversia alcanzó al entonces ministro de Vivienda, Edmundo Hermosilla, quien debió renunciar tras revelarse que había recibido un caballo corralero como regalo de Francisco Pérez Yoma, propietario de Copeva. Este hecho puso en evidencia las complejas relaciones entre el sector público y las empresas constructoras encargadas de proyectos sociales.
Para las familias afectadas, la lucha por una solución fue larga y extenuante. Tuvieron que ingeniárselas para vivir en condiciones deplorables, con la constante presencia de humedad y el riesgo de enfermedades. Muchos años después, en 2012, la Corte Suprema de Chile emitió un fallo histórico. Determinó que tanto el Servicio de Vivienda y Urbanismo (Serviu) como Copeva eran responsables de los daños. El Serviu fue declarado responsable por no haber supervisado adecuadamente que la construcción se realizara con materiales aptos, mientras que Copeva lo fue por las fallas constructivas.
La sentencia ordenó al Serviu pagar una indemnización de más de $2.900.000 de pesos chilenos a cada una de las 592 familias afectadas directamente por los daños de 1997. Como consecuencia del escándalo y el fallo, Copeva se vio obligada a cambiar su nombre para poder seguir operando en el rubro de la construcción. Sin embargo, la indemnización no llegó a todas las familias que sufrieron los problemas de humedad, como la de Claudia Hernández, cuya villa colindaba con las más afectadas y también se llovió, pero recibió menos ayuda.
Un Legado de Humedad, Hacinamiento y Estigma
A pesar de haber transcurrido más de dos décadas desde el invierno de 1997, sus consecuencias aún se sienten en Bajos de Mena. Muchos departamentos y casas siguen presentando hongos, producto de la humedad persistente. Aunque las filtraciones ya no son las cascadas de antaño, el agua continúa filtrándose por los techos, recordando constantemente la fragilidad de las construcciones originales.
La problemática de Bajos de Mena va más allá de las fallas de Copeva. El sector se urbanizó en los 90 con escasa planificación, resultando en una alta densidad poblacional (más de 122 mil personas en 600 hectáreas) con una notoria falta de servicios básicos, áreas verdes y conectividad. Los departamentos originales, pensados para familias pequeñas, rápidamente quedaron insuficientes a medida que los grupos familiares crecían, llevando a situaciones de hacinamiento extremo.

La necesidad de espacio impulsó ampliaciones informales en patios y antejardines, deteriorando aún más el entorno y creando un paisaje urbano caótico. El hacinamiento, sumado a los materiales de baja calidad, ha sido un factor en la ocurrencia de incendios que han destruido viviendas precarias a lo largo de los años. Toda esta situación llevó a que Bajos de Mena fuera tristemente conocido como el "gueto más grande de Chile", un apelativo que sus habitantes rechazan enérgicamente.
Los vecinos denuncian que este estigma genera prejuicios injustos sobre la comunidad, enfocando la atención mediática solo en la violencia asociada al narcotráfico, mientras se ignoran las iniciativas positivas y la riqueza humana del barrio. Claudia Hernández enfatiza que en Bajos de Mena hay gente muy valiosa, con campeones mundiales, radios y televisiones comunitarias, y una fuerte organización social a través de más de 40 juntas de vecinos y dirigentes dedicados.
Hacia la Regeneración Urbana: Un Camino Lento pero Lleno de Esperanza
Desde 2013, el Ministerio de Vivienda impulsa un Programa de Regeneración Urbana en Bajos de Mena, buscando revertir el legado de abandono y precariedad. Este programa tiene dos ejes principales: la demolición progresiva de las estructuras más deterioradas (especialmente en las villas Los Volcanes, las más afectadas por el desastre de Copeva) y la relocalización de sus propietarios en otros barrios, y la renovación de espacios y la mejora de las condiciones para quienes optan por quedarse, con nuevas viviendas y mejor infraestructura.
El plan contempla la apertura de calles para mejorar la conectividad, la construcción de un centro cívico y la esperada llegada del Metro, proyectos que buscan integrar Bajos de Mena al resto de la ciudad y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. El proceso es complejo y lento, con realidades distintas en cada villa y familias ansiosas por ver resultados concretos después de años de lucha. La demolición de más de 700 departamentos en Los Volcanes es una tarea monumental que avanza paso a paso.
Dirigentes como Claudia Hernández y Adolfo Morales, fundador de la radio comunal, destacan la importancia de la inversión directa en el barrio, no solo en infraestructura, sino también en programas de rehabilitación, acompañamiento juvenil y mejora de áreas verdes. Sueñan con que Bajos de Mena deje atrás el estigma y sea reconocido por su potencial y la fortaleza de su comunidad. Cristina Sáez, dirigenta de El Volcán, quien llegó justo antes de las lluvias de 1997, ve en este programa una posible recompensa a años de «miserias» y abandono, una oportunidad real de cambio y acceso a una vivienda digna.
La historia de las casas Copeva en Bajos de Mena es un recordatorio crítico de los desafíos de la vivienda social y la importancia de la planificación, la fiscalización y el compromiso con la calidad constructiva. Es también una historia de resiliencia, organización comunitaria y la incansable lucha de miles de familias por un futuro mejor y una vivienda que sea, verdaderamente, un hogar digno.
Preguntas Frecuentes sobre las Casas Copeva y Bajos de Mena
- ¿Qué son las casas Copeva? Eran viviendas sociales construidas por la empresa Copeva en Bajos de Mena, Puente Alto, a principios de los años 90, como parte de proyectos habitacionales para familias de escasos recursos.
- ¿Qué pasó con ellas en 1997? Durante el invierno de 1997, fuertes lluvias revelaron graves fallas constructivas en muchos de estos edificios, provocando filtraciones masivas, humedad y daños estructurales debido al uso de materiales inadecuados para el clima.
- ¿Quién fue el responsable? La Corte Suprema determinó en 2012 que tanto la empresa constructora Copeva como el Servicio de Vivienda y Urbanismo (Serviu) eran responsables. Copeva por las fallas en la construcción y el Serviu por no supervisar adecuadamente.
- ¿Hubo indemnizaciones para los afectados? Sí, el fallo de la Corte Suprema ordenó al Serviu pagar una indemnización a 592 familias directamente afectadas por los daños de 1997. Sin embargo, no todas las familias que sufrieron problemas recibieron esta compensación.
- ¿Qué consecuencias tuvo para la empresa Copeva? Tras el escándalo y el fallo judicial, la empresa Copeva debió cambiar su nombre para poder continuar operando en el rubro de la construcción.
- ¿Cuál es la situación actual en Bajos de Mena? El sector sigue lidiando con los problemas heredados de la mala planificación y las construcciones deficientes, como humedad, hacinamiento y falta de servicios. Desde 2013, existe un Programa de Regeneración Urbana que busca demoler estructuras irrecuperables, reubicar familias y mejorar la infraestructura y calidad de vida del barrio a largo plazo.
- ¿Se han demolido las casas afectadas? Sí, parte del Programa de Regeneración Urbana incluye la demolición progresiva de los edificios más dañados, especialmente en las villas Los Volcanes, un proceso que comenzó en 2013 y aún continúa.
La historia de Bajos de Mena y las casas Copeva es un ejemplo de cómo los errores en la planificación y ejecución de proyectos de vivienda social pueden tener consecuencias duraderas en la vida de las personas y en el desarrollo de comunidades enteras, pero también de la capacidad de organización y lucha de los vecinos por un futuro más digno.
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