¿Cuándo se construyó la Casa de Tucumán?

La Casa Histórica de Tucumán en 1816

27/06/2020

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Cuando pensamos en la Declaración de la Independencia Argentina, inmediatamente nuestra mente viaja a la ciudad de San Miguel de Tucumán y a una casa muy particular. Sin embargo, la imagen que hoy tenemos de la Casa Histórica, sede del Museo Nacional de la Independencia, es el resultado de una cuidadosa reconstrucción realizada en el siglo XX. ¿Cómo era, entonces, la casa en aquel trascendental año de 1816? ¿Qué vieron los congresales que sellaron el destino de una nación?

Para entender su apariencia en 1816, debemos remontarnos un poco en el tiempo. La casa original fue construida en la década de 1760 por don Diego Bazán y Figueroa, un comerciante acaudalado de la época. Su propósito era servir como dote para el matrimonio de su hija, Francisca Bazán, con el español peninsular Miguel Laguna. Esta pareja tuvo una familia numerosa, y la casa fue testigo de la vida de más de quince personas bajo su techo durante algún tiempo, lo que da una idea de sus dimensiones.

¿Cómo era la casa de doña Francisca en 1816?
La casa de Francisca Bazán de Laguna Era una edificación de estilo señorial, con una entrada de tipo zaguán, flanqueada por dos habitaciones, que dan a un primer patio, rodeado de habitaciones por sus cuatro costados.

Arquitectura y Estilo Señorial en 1816

En 1816, la casa, aunque ya con algunas décadas de antigüedad, conservaba su estilo señorial típico de la arquitectura colonial de la época. Se trataba de una edificación de planta baja, organizada en torno a patios interiores, una disposición común para mitigar el clima y proporcionar privacidad. La entrada principal, desde la calle que en aquel entonces se llamaba Calle del Rey, era un zaguán, un pasillo amplio que comunicaba directamente con el primer patio. Este zaguán estaba flanqueado por dos habitaciones a cada lado, probablemente destinadas a usos sociales o administrativos.

El primer patio era el corazón de la casa, rodeado por habitaciones en sus cuatro costados. Estas habitaciones variaban en tamaño y función, sirviendo como dormitorios, salones menores o despachos. Tras este primer patio, se encontraban los espacios más importantes de la casa: tres salones principales dispuestos en fila. Estos salones eran las estancias más amplias y formales, utilizadas para recibir visitas, reuniones importantes o como salas de estar.

Continuando hacia el interior, se accedía a un segundo patio. Este patio, de menor tamaño que el primero, servía como distribuidor hacia un tercer grupo de dependencias. Estas últimas estaban destinadas principalmente al personal de servicio, incluyendo cocinas, depósitos y habitaciones para los empleados.

En cuanto a la decoración, la casa de doña Francisca era notable por su sencillez. Más allá de las decoraciones aplicadas directamente sobre las paredes y las aberturas, como pinturas o encalados, el edificio carecía de ornamentos exteriores elaborados. La única excepción a esta regla eran las molduras ubicadas a ambos lados de la puerta principal que daban a la calle. Estas molduras, que imitaban columnas salomónicas (columnas retorcidas), eran el único detalle arquitectónico destacado en la fachada, confiriéndole un toque de distinción dentro de su austeridad general.

Los materiales de construcción eran los típicos de la región en la época: muros de adobe o ladrillos de tierra cruda, techos de tejas de barro cocido sobre estructuras de madera, y pisos de baldosas de barro o tierra apisonada. Las aberturas, puertas y ventanas, serían de madera robusta, probablemente pintadas.

De Casa Familiar a Sede del Congreso

En la época de la Revolución de Mayo (1810), la casa ya no pertenecía directamente a doña Francisca, sino a sus descendientes. En 1816, estaba ocupada por Pedro Antonio de Zavalía, casado con Gertrudis Laguna y Bazán, nieta de la propietaria original. Nicolás Laguna, otro hijo de Francisca Bazán, también figura como uno de los dueños en algún momento.

No hay registros precisos sobre la fecha exacta en que el gobierno revolucionario, que ya controlaba la provincia, alquiló la casa. Lo que sí se sabe es que fue utilizada como cuartel para oficiales y tropa tras la crucial Batalla de Tucumán de 1812. Su ubicación y tamaño la hacían ideal para este fin.

Fue en este contexto que, en 1816, la casa, aún alquilada por el Estado, fue seleccionada para albergar las sesiones del Congreso General Constituyente. Los congresales, que habían iniciado sus debates en San Miguel de Tucumán en marzo de ese año, necesitaban un espacio adecuado para sus deliberaciones.

Para adaptar la casa a las necesidades del Congreso, se realizó una modificación significativa. Se derribó una de las paredes interiores que separaban dos de los tres salones principales ubicados entre el primer y segundo patios. Esta obra creó un único salón de mayores dimensiones, lo suficientemente amplio para albergar a los diputados de las Provincias Unidas. Fue precisamente en este salón ampliado, hoy conocido como el Salón de la Jura, donde el 9 de julio de 1816 se declaró solemnemente la independencia de Argentina.

La casa, testigo silencioso de este acto fundacional, se encontraba sobre la Calle del Rey. El propio Congreso, en un gesto simbólico de ruptura con el pasado monárquico, decidió cambiar el nombre de la calle, asignándole el que lleva hasta hoy: Calle Congreso.

Decadencia, Demolición y el Templete

Tras el traslado del Congreso a Buenos Aires en enero de 1817, la casa tuvo diversos usos y fue devuelta a sus propietarios en medio de la inestabilidad política conocida como la Anarquía del Año XX. Pasó a ser propiedad de Carmen Zavalía, casada con su tío Pedro Patricio Zavalía.

El paso del tiempo y los diferentes usos deterioraron la edificación. Su estado llegó a ser ruinoso. Los esposos Zavalía incluso demolieron las construcciones del segundo patio, reemplazándolas por otras de un estilo más moderno, alterando así la disposición original.

A mediados del siglo XIX, la casa albergaba a dos tataranietas solteras de doña Francisca. Con el objetivo de alertar a las autoridades sobre la necesidad de preservar el edificio, aprovecharon la visita a Tucumán del fotógrafo Ángel Paganelli en 1869. Paganelli tomó varias fotografías, siendo la más famosa la del frente de la casa. Esta foto muestra el edificio en un estado bastante deteriorado, pero aún conservando detalles arquitectónicos originales, como las molduras salomónicas de la puerta principal. Es una imagen invaluable que nos permite visualizar la casa antes de su casi total desaparición.

A pesar de estos esfuerzos, el deterioro continuó. En 1874, el estado nacional finalmente adquirió la propiedad. Inicialmente, se la destinó a ser la sede del Correo, y posteriormente se le anexó el servicio de Telégrafo. A fines del siglo XIX, la casa ya era reconocida como un sitio histórico y comenzó a ser escenario de las primeras conmemoraciones oficiales de la independencia.

Sin embargo, la falta de mantenimiento adecuado por parte del gobierno llevó a una situación crítica. En 1903, el estado de conservación era tan pésimo que se tomó la drástica decisión de demoler casi por completo la edificación original. Sobre la Calle Congreso, en el espacio que ocupaba la casa, se construyeron nuevos edificios para el Correo de la Nación y el Juzgado Federal, con un estilo renacentista que contrastaba fuertemente con la sencillez colonial de la casa original.

La única parte del edificio que se salvó de la demolición fue el Salón de la Jura de la Independencia, aquel espacio ampliado para las sesiones del Congreso. Consciente de su valor histórico, el gobierno ordenó en 1904 que este salón fuera protegido. Se construyó un templete o pabellón de ladrillos con una estructura de hierro y vidrio de estilo Art Nouveau, que cubrió y preservó la sala histórica. Este templete fue inaugurado a tiempo para los festejos del Centenario de la Independencia en 1910, donde el gobernador Ernesto Padilla presidió actos conmemorativos dentro de él.

La Reconstrucción de la Casa Histórica

El deseo de recuperar la imagen de la casa tal como era en 1816 fue creciendo con el tiempo. En 1941, la Casa de la Independencia, o lo que quedaba de ella (el Salón de la Jura bajo el templete), fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Una comisión de expertos, incluyendo al historiador Ricardo Levene y al arquitecto Mario J. Buschiazzo, fue encargada de estudiar la posibilidad de reconstruir la casa. Se basaron fundamentalmente en la fotografía de Paganelli de 1869, que mostraba la fachada, y en planos levantados en el momento de la compra del estado nacional en 1874, que daban una idea de la distribución interna antes de la demolición de 1903.

La Provincia de Tucumán aprobó el proyecto de reconstrucción, y la obra fue dirigida por el arquitecto Buschiazzo. Las excavaciones preliminares fueron fundamentales, ya que permitieron encontrar los cimientos de la edificación original, confirmando y precisando los planos existentes y la distribución de los patios y habitaciones.

Las obras de reconstrucción comenzaron en 1942 y fueron inauguradas el 24 de septiembre de 1943. El objetivo fue ajustarse al máximo a cada detalle del edificio original, utilizando técnicas constructivas y materiales similares a los de la época colonial. Se buscaron y adquirieron ladrillos y tejas antiguos provenientes de demoliciones en otras ciudades del país para replicar el aspecto original. Las baldosas también fueron cuidadosamente seleccionadas para ser fieles a las de 1816.

Sin embargo, la reconstrucción no fue una réplica exacta de la casa de 1816 en todos sus aspectos. Por ejemplo, se omitieron las habitaciones que originalmente separaban el segundo patio del tercero. Esto se hizo para facilitar la circulación de los visitantes en el futuro museo y porque esas construcciones específicas databan de décadas posteriores a 1816, no formaban parte de la casa que albergó al Congreso.

El tercer patio, en particular, fue reemplazado por un espacio de inspiración más moderna, diseñado para los visitantes del museo. La mitad de este patio está ocupada por la Galería de las Placas, donde se exhiben centenares de placas conmemorativas donadas por diversas instituciones en homenaje a la independencia. La parte posterior de este espacio es el Patio de Homenajes, un patio abierto flanqueado por dos paredes que albergan dos grandes bajorrelieves de la reconocida escultora Lola Mora. Uno de ellos representa los sucesos del 25 de Mayo de 1810, mientras que el otro inmortaliza la votación y declaración de la independencia el 9 de julio de 1816. Este patio posterior, protegido por una reja ornamentada, sirve como acceso principal para el público en ocasiones especiales y cuenta con un mástil para la Bandera Nacional.

La Casa Histórica Hoy: Un Museo Vivo

La casa reconstruida en la década de 1940 es la que hoy conocemos como el Museo Nacional de la Independencia. A lo largo de los años, ha sido escenario de otros eventos históricos, como la declaración de la Independencia Económica por Juan Domingo Perón en 1947.

Ha enfrentado desafíos, como el ataque en 1971. También ha sido objeto de continuos trabajos de mantenimiento y restauración. Un ejemplo notable es el cambio del color de las puertas y ventanas de madera a azul en 1996. Esta decisión no fue estética, sino el resultado de una investigación histórica rigurosa. Documentación encontrada en archivos reveló que el Estado provincial compró pintura azul en 1816 específicamente para ese propósito en la casa. Las verificaciones mediante cateos (pequeñas excavaciones) en las puertas del Salón de la Jura confirmaron la presencia de capas de pintura azul original bajo las posteriores.

Hoy en día, visitar la Casa Histórica de Tucumán es un viaje al pasado. Aunque es una reconstrucción, se basa en la evidencia histórica disponible para acercarnos lo más posible a cómo era aquel lugar clave en 1816. Permite a los visitantes recorrer el zaguán, los patios y el emblemático Salón de la Jura, imaginando a los congresales debatiendo y tomando la decisión que cambió la historia del continente. Es un símbolo nacional, cuidadosamente preservado para las futuras generaciones.

Preguntas Frecuentes sobre la Casa de Tucumán en 1816

  • ¿Quién era doña Francisca Bazán de Laguna?
    Era la hija del constructor original de la casa, Diego Bazán y Figueroa, y la primera propietaria junto a su esposo Miguel Laguna. La casa fue su dote matrimonial.
  • ¿Cómo era la casa en 1816?
    Era una edificación señorial de estilo colonial, organizada en torno a patios interiores. Tenía zaguán, un primer patio rodeado de habitaciones, tres salones principales, un segundo patio y dependencias de servicio. Era sencilla en su decoración, con molduras salomónicas en la entrada como único ornamento exterior destacado.
  • ¿Quién era el dueño de la casa en 1816?
    En ese año, la casa pertenecía a los descendientes de Francisca Bazán, y estaba ocupada por Pedro Antonio de Zavalía, casado con Gertrudis Laguna y Bazán, nieta de Francisca.
  • ¿Por qué se eligió esa casa para el Congreso?
    No se especifica la razón exacta en el texto, pero se sabe que el gobierno revolucionario la alquilaba y la usaba como cuartel. Probablemente su tamaño y disponibilidad la hicieron adecuada para albergar a los congresales.
  • ¿Qué cambio se hizo en la casa para el Congreso?
    Se derribó una pared interior entre dos de los tres salones principales para crear una sala más grande, el Salón de la Jura.
  • ¿Es la casa que visitamos hoy la original de 1816?
    No, la casa que visitamos hoy es una reconstrucción realizada en la década de 1940, basada en evidencia histórica como fotografías y planos antiguos, sobre los cimientos originales.
  • ¿Qué partes de la casa original se conservaron?
    Solo se conservó el Salón de la Jura, que fue cubierto por un templete en 1904 tras la demolición casi total del resto de la casa.
  • ¿Por qué se demolió la casa original?
    La casa se encontraba en un estado de conservación muy ruinoso a principios del siglo XX debido a la falta de mantenimiento.
  • ¿Cómo supieron cómo reconstruir la casa?
    La reconstrucción se basó en una fotografía clave de 1869, planos antiguos de 1874 y los cimientos originales encontrados durante las excavaciones.
  • ¿La reconstrucción es una réplica exacta?
    Es muy fiel a la casa de 1816 en su estructura principal y estilo, pero se omitieron algunas dependencias posteriores a 1816 (entre el segundo y tercer patio) y el tercer patio tiene un diseño moderno.

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