¿Qué es una ochava en una casa?

Descubre qué es la Ochava en Urbanismo y Arquitectura

13/01/2022

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Cuando escuchamos hablar de una "ochava" en el contexto de una casa o un edificio, a menudo nos referimos a una característica muy particular que define la forma de la construcción en una esquina. Sin embargo, para comprender realmente qué es una ochava, es fundamental adentrarnos primero en el ámbito del urbanismo. La ochava, también conocida como chaflán, no es solo un detalle arquitectónico aislado, sino un recurso de planificación urbana que ha tenido un profundo impacto en la estructura y el diseño de nuestras ciudades, especialmente en aquellas con raíces históricas en los ensanches españoles y latinoamericanos. Este elemento, que parece simple a primera vista, encierra una rica historia, un propósito funcional claro y desafíos interesantes para los arquitectos que deben trabajar con él.

¿Qué es una Ochava o Chaflán en Urbanismo?

En su sentido más amplio y aplicado al diseño de ciudades, una ochava o chaflán es una característica geométrica que se aplica a las esquinas de las manzanas urbanas. Consiste, fundamentalmente, en cortar o unir los lados de una manzana que forman una esquina con una línea oblicua. En lugar de que dos calles se encuentren en un ángulo recto perfecto de 90 grados, la esquina se elimina, creando un nuevo tramo de fachada diagonal.

Este recurso de urbanismo tiene propósitos muy claros y prácticos. El principal es mejorar la circulación del tráfico en las intersecciones. Al eliminar el ángulo recto, se facilita el giro de los vehículos, especialmente en épocas pasadas cuando los medios de transporte (como carros tirados por animales o los primeros automóviles) tenían radios de giro más amplios. Además, el chaflán aumenta la visibilidad en los cruces, permitiendo a peatones y conductores verse con mayor antelación y reduciendo el riesgo de accidentes. Finalmente, al ensanchar la zona de la esquina, se crea un espacio adicional que puede servir para desahogar el tráfico o simplemente como un pequeño respiro en la densidad de la calle.

Las parcelas resultantes en estas esquinas achaflanadas adquieren, naturalmente, una forma irregular, generalmente un pentágono. Esta forma particular es lo que define, en última instancia, la planta de cualquier edificio que se construya sobre ella, incluyendo, por supuesto, una casa si la parcela es lo suficientemente pequeña o si la construcción es de menor escala.

Origen e Historia: Del Pasado a los Grandes Ensanches

Aunque la aplicación masiva del chaflán es relativamente moderna en la historia urbana, el concepto de eliminar una esquina con un plano oblicuo no es nuevo en la arquitectura. Ya en edificaciones antiguas encontramos ejemplos donde se utilizaba el chaflán para solucionar encuentros de fachadas o para propósitos estéticos o funcionales. El texto menciona el pazo de Fondevila en Galicia (1660), donde un chaflán resuelve la unión de dos fachadas y sirve de base para un escudo de armas, visible desde ambas calles.

Sin embargo, la verdadera generalización del uso del chaflán como recurso *urbanístico* a gran escala se produjo en el siglo XIX. Contrario a la creencia popular que lo asocia exclusivamente con los ensanches españoles, la primera vez que se implementó de forma generalizada en toda una nación fue en Argentina. Un decreto del 14 de diciembre de 1821, promovido por Bernardino Rivadavia, entonces Ministro de Gobierno y luego Presidente, conocido como “Edificios y calles de las ciudades y pueblos”, estableció la obligatoriedad de los chaflanes en las esquinas de las manzanas urbanas en todo el territorio argentino. Esta medida pionera buscaba modernizar el trazado de las ciudades y mejorar las condiciones de habitabilidad y circulación.

Casi cuatro décadas después, esta idea cruzaría el Atlántico para ser adoptada y teorizada por uno de los urbanistas más influyentes de la historia: Ildefonso Cerdá. Cerdá, en la redacción de su monumental "Teoría de la construcción de las ciudades" (vol. 1, 1859), estudió a fondo diversos modelos urbanos, incluyendo el caso de Buenos Aires y la implementación de sus chaflanes. Reconoció el valor de esta solución para los desafíos que planteaba el crecimiento de las ciudades y la aparición de nuevos medios de transporte.

El Plan Cerdá, el famoso diseño para el Ensanche de Barcelona (aprobado en 1859, aunque sus bases son de 1856), elevó el chaflán a la categoría de elemento definitorio del tejido urbano. Cerdá diseñó sus manzanas octogonales con chaflanes de 20 metros de longitud, una medida considerable, equivalente al ancho de las calles convencionales de su plan. Este tamaño no era arbitrario; estaba cuidadosamente calculado para permitir un giro suave y no pronunciado de los vehículos de la época, facilitando enormemente la circulación en las intersecciones. Además de la fluidez del tráfico, los chaflanes de Cerdá mejoraban drásticamente la visibilidad en los cruces y creaban esos espacios adicionales que mencionamos, funcionando como pequeñas plazas en cada esquina.

El éxito y la lógica funcional del modelo de Cerdá llevaron a que el chaflán fuera copiado y generalizado en otros ensanches urbanos que se proyectaron y construyeron en España a finales del siglo XIX y principios del XX, como los de La Coruña, Gijón o Carrión. Se convirtió en un sello distintivo de la modernización urbana en la península ibérica.

Incluso en épocas más recientes, el chaflán ha seguido presente, adaptándose a distintos contextos. El texto menciona su uso en la arquitectura rural franquista en Castilla-La Mancha, donde los ensanchamientos generados por los chaflanes se aprovechaban para ubicar elementos comunitarios como fuentes y abrevaderos, demostrando su versatilidad funcional más allá del tráfico.

El Desafío Arquitectónico de la Ochava

Si bien el chaflán es un recurso enormemente valioso desde la perspectiva del urbanismo y la funcionalidad de la ciudad, presenta un desafío inherente para la arquitectura. Cuando el planeamiento urbano impone la presencia de un chaflán en una esquina, cualquier edificio que se construya en esa parcela debe adaptarse a esa forma. Esto significa que los encuentros de fachadas en la esquina ya no se producen en el ángulo ortogonal (90°) que es tan común y "natural" en la mayoría de las construcciones, sino en un ángulo obtuso (mayor de 90°).

Esta imposición geométrica desde el exterior tiene un impacto directo en la configuración de los espacios interiores. Las habitaciones, salones, oficinas o cualquier estancia que dé a la esquina achaflanada no podrán tener las formas rectangulares o cuadradas perfectas a las que estamos acostumbrados. La planta de la edificación se ve "deformada" por la forma exterior del chaflán, lo que puede complicar la distribución interior, el aprovechamiento del espacio, la colocación de mobiliario y la disposición de ventanas y accesos.

Para los arquitectos, esto representa un reto creativo. Deben encontrar soluciones para integrar esta particularidad geométrica de la ochava de manera funcional y estética, evitando que se convierta en un inconveniente insalvable y, si es posible, transformándola en una oportunidad de diseño. La esquina, que tradicionalmente es un punto fuerte y de remate en la composición de un edificio, adquiere una complejidad adicional al ser una fachada diagonal.

Respuestas Arquitectónicas y Otras Aplicaciones del Chaflán

Los arquitectos han desarrollado diversas estrategias para abordar el desafío que presenta la ochava en el diseño de edificios. Lejos de ser simplemente un problema, la ochava puede convertirse en un punto focal o una oportunidad para soluciones innovadoras. El texto menciona el icónico ejemplo de la Casa Milá (La Pedrera) de Antoni Gaudí en Barcelona. En este caso, Gaudí optó por una fachada completamente ondulada y curva que envuelve no solo las partes rectas de la manzana, sino también el chaflán. De esta manera, la fachada curva unifica la forma del edificio, haciendo que la imposición del chaflán pase desapercibida en la composición general y generando una lógica geométrica interior que es independiente de la forma exterior de la parcela en la esquina. Es una demostración maestra de cómo la arquitectura puede trascender las limitaciones impuestas por el urbanismo.

Otras soluciones más convencionales incluyen el uso de retranqueos y vuelos sucesivos en la fachada que da al chaflán. Mediante la proyección o el retroceso de diferentes partes de la fachada en cada planta, se puede "romper" la continuidad de la línea diagonal y, en algunos casos, incluso aproximar la percepción de ángulos más rectos o crear efectos visuales interesantes. Estas técnicas también pueden utilizarse para orientar las ventanas de manera específica, por ejemplo, para captar una determinada luz solar o para evitar que las ventanas de pisos contiguos en la misma esquina se miren directamente, preservando la privacidad de los ocupantes.

Más allá de su manifestación a gran escala en el diseño urbano y la forma general de los edificios en las esquinas, el término chaflán también se utiliza en arquitectura, ingeniería y fabricación para describir una operación mucho más simple y localizada. A una escala menor, un chaflán es simplemente el acto de eliminar una esquina viva (un borde a 90°) de un objeto, sustituyéndola por una superficie oblicua. Esto se hace habitualmente en piezas de materiales como piedra, madera u hormigón.

Los objetivos de este chaflán a pequeña escala son variados. Uno común es evitar el desgaste o la rotura de las aristas, que son puntos débiles propensos a desconcharse o dañarse con el tiempo o el uso. También tiene un propósito de seguridad, ya que elimina bordes cortantes o puntiagudos que podrían causar daños a las personas por golpes o roces. Para crear estos chaflanes en elementos de hormigón durante el encofrado, se utilizan piezas específicas llamadas berenjenos.

Además de la protección y la seguridad, el chaflán en piezas individuales puede tener un propósito funcional crucial en el ensamblaje. Cuando dos piezas necesitan unirse en un ángulo (no necesariamente 90°), un pequeño chaflán en los bordes de contacto puede facilitar que encajen con mayor facilidad y precisión. También puede aumentar ligeramente el área de contacto entre las piezas, lo que potencialmente mejora la resistencia de la unión, especialmente si la estructura está sometida a fuerzas o vibraciones. Aunque este uso del chaflán se aplica a componentes y detalles constructivos más que a la forma general de una "casa", es otra faceta importante del término en el ámbito de la construcción y la ingeniería.

Preguntas Frecuentes sobre la Ochava

Para consolidar la comprensión de este elemento urbano y arquitectónico, respondemos algunas preguntas comunes:

¿Por qué se crearon las ochavas en las ciudades?

Principalmente, para mejorar la circulación del tráfico en las intersecciones, facilitar los giros de los vehículos (especialmente los antiguos con mayor radio), aumentar la visibilidad en los cruces para prevenir accidentes y crear espacios adicionales en las esquinas.

¿Dónde son más comunes las ochavas?

Son muy características de los ensanches urbanos planificados en España (como Barcelona, La Coruña, Gijón) y también son una característica definitoria del urbanismo en Argentina, donde se generalizaron antes que en España.

¿Cómo afecta una ochava a una casa o edificio?

Si una casa o edificio se construye en una parcela que tiene una ochava (una esquina achaflanada), la forma exterior de la construcción en esa esquina será diagonal. Esto obliga a adaptar la distribución interior, ya que los espacios que dan a la ochava no serán rectangulares, presentando un desafío para el diseño arquitectónico.

¿El chaflán se usa solo en urbanismo?

No, el término también se usa a menor escala para describir la eliminación de esquinas en objetos o piezas (madera, piedra, hormigón) con fines de seguridad, protección contra desgaste o para mejorar el ensamblaje funcional de componentes.

¿Cómo manejan los arquitectos la forma de la ochava?

Existen diversas soluciones de diseño, como el uso de fachadas curvas que unifican la forma, o la aplicación de retranqueos y vuelos sucesivos en la esquina para romper la continuidad diagonal o reorientar vistas. El objetivo es integrar la ochava de forma funcional y estética.

La ochava o chaflán es, en definitiva, un elemento fascinante que nos habla de la evolución de la planificación urbana y de cómo las necesidades prácticas de la ciudad han moldeado la arquitectura de sus edificios. Aunque su origen principal sea urbanístico, su presencia tiene consecuencias directas en la forma y diseño de las construcciones, desde grandes edificios singulares hasta la estructura de una casa situada en una esquina achaflanada. Es un recordatorio de que la ciudad y sus edificaciones están intrínsecamente conectadas.

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